• Decrease font size
  • Return font size to normal
  • Increase font size
U.S. Department of Health and Human Services

For Consumers

  • Print
  • Share
  • E-mail

Novedoso programa reabre la cosecha de almeja

Clam Testing

Los pescadores Mikhail Shablin (izquierda) y Robert Clement (derecha) realizan pruebas de laboratorio científico a bordo del F/W Melissa K, para hacer la determinación inicial sobre si las almejas que acaba de capturar son seguras para comer. Los hombres fueron capacitados por personal de la FDA. Obtenga esta foto en Flickr. disclaimer icon

Clam Harvesting

Almejas tomadas de Georges Bank se almacenan en jaulas individuales. Los pescadores entrenados por la FDA toman muestras de las almejas de cada sección por seguridad, y se vuelven a tomar muestras otra vez por funcionarios estatales cuando llegan a tierra. Obtenga esta foto en Flickr. disclaimer icon

Clam Testing Kit

El kit de prueba de campo utilizado por los pescadores incluye pipetas, pozos de muestras y otros materiales necesarios para llevar a cabo las pruebas a bordo.

Obtenga esta foto en Flickr. disclaimer icon

Red envelope icon for Govdelivery Reciba Actualizaciones para el Consumidor por Correo Electrónico

RSS feed orange symbol Actualizaciones para el Consumidor en RSS Feed

In English

En esta página:

One Uno de los Banks de almejas más grandes del mundo cerró en 1990 porque la gente podía enfermar e incluso morir por consumir almejas contaminadas con una toxina marina letal.

Sin embargo, una buena parte de la zona llamada Bank Georges, a 100 kilómetros de la costa de Nueva Inglaterra, se reabrió a la explotación este año luego de que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) ideó una nueva manera de hacer frente a este riesgo para la salud pública.

Un aspecto importante consiste en que un científico de la FDA capacite a los pescadores para someter a las almejas a sofisticadas pruebas científicas en alta mar, a veces en condiciones extremas.

“Este programa casi ha duplicado la cantidad de almeja dura disponible en el mercado y eleva la disponibilidad de la almeja blanca en cerca de 40%”, afirma David Wallace, un asesor de la industria pesquera. “Si no hubiera sido por la FDA, estos recursos, con un valor de miles de millones de dólares, se hubieran desperdiciado. Es bueno para los pescadores, para los consumidores y para la economía”. (La pulpa de la almeja dura es más correosa que la de la almeja blanca y con frecuencia se usa para hacerse en crema, en tanto que la almeja blanca generalmente se consume cruda en las marisquerías).

Ésta es la historia de cómo los pescadores, los representantes de la industria, las autoridades estatales y diversas ramas del gobierno federal trabajaron de la mano para idear un plan novedoso que permitiera cosechar almejas en una sección significativa del Bank Georges; un vasto Bank de arena que se extiende bajo el agua desde Massachusetts hasta Nueva Escocia.

regrese al inicio

Una captura antes peligrosa

La historia comienza a fines de los 1980, cuando las zonas de explotación fueron temporalmente cerradas debido a los informes de toxinas encontradas en almejas blancas del Bank Georges. Tras reabrirse temporalmente a principios de los 1990, las zonas de explotación cerraron de nuevo cuando pescadores que cosechaban almejas en el Bank Georges consumieron mejillones contaminados que atraparon mientras extraían las almejas, enfermando de gravedad.

El diagnóstico: intoxicación paralizante por consumo de moluscos, ocasionada por una toxina que produce el alga Alexandrium. Por siglos se ha citado a la tóxica alga y a menudo se le conoce como “marea roja”, aunque no todas las mareas rojas son tóxicas y no todos los brotes son rojos.

La toxina se concentra en la carne de los moluscos, entre ellos, las almejas y los mejillones, y no parece hacerles daño. Pero en concentraciones suficientemente altas, esta potente toxina puede paralizar temporalmente a los seres humanos. Si esto pasa, la persona paralizada puede morir de asfixia si no se le brinda asistencia vital hasta que las toxinas sean expelidas del organismo. Cocer los moluscos no neutraliza las toxinas.

Los funcionarios de la FDA, quienes son los responsables de que los mariscos capturados en aguas federales sean seguros para el consumo, no podían poner científicos a bordo de cada navío pesquero que cosecha la almeja mar adentro para que hicieran las pruebas de detección de la toxina. Económicamente, no tenía sentido que los pescadores desperdiciaran tiempo y dinero cosechando almejas si podía suceder que al llegar al puerto, descubrieran que tenían un barco lleno de almejas tóxicas, y luego tuvieran la obligación de deshacerse de ellas de manera segura.

El cierre del Bank Georges en 1990 le dio un duro golpe al sector de la explotación de la almeja. La situación se tornó más desesperada en 2005, cuando un gigantesco brote de algas cerca de las costas de Nueva Inglaterra obligó a cerrar temporalmente 38,850 kilómetros cuadrados del océano para la captura de la almeja.

El sector de la explotación de la almeja, al verse amenazado, decidió invertir el tiempo y el dinero necesarios para encontrar una solución, y empezó a colaborar con las autoridades estatales y federales. Tras años de investigación sobre un procedimiento de cosecha que pudiera llevar hasta el muelle almejas seguras para el consumo, una buena parte del Bank Georges se reabrió a la explotación en 2013 para los pescadores de almejas que acepten trabajar con un nuevo procedimiento de la FDA. Esto incluye que los pescadores reciban la capacitación que imparte la FDA y que se necesita para realizar pruebas científicas muy precisas en muestras de almejas en alta mar.

“Había mucho escepticismo. ¿Cómo reaccionarían los pescadores a escuchar los sermones de un joven científico del gobierno durante días? ¿Podrían llevar a cabo con precisión pruebas que a veces son difíciles hasta para los científicos de laboratorio?”, señala la experta de la FDA en biotoxinas marinas Stacey DeGrasse, quien ha impartido la capacitación de la FDA.

"No obstante, el proyecto ha tenido un éxito increíble. Los pescadores se sienten muy orgullosos de realizar las pruebas de laboratorio a bordo, y de obtener datos exactos e impecables”, afirma DeGrasse.
 

regrese al inicio

La crónica de una solución

El clímax de la crisis para el sector de la explotación de la almeja vino justo cuando la FDA llevaba a cabo un proyecto de investigación con la Institución Oceanográfica de Woods Hole (Woods Hole Oceanographic Institution). Este exhaustivo proyecto de investigación trajo un mejor entendimiento sobre el origen de las toxinas, su movimiento dentro de la cadena alimenticia marina, la función de los bancos de quistes (lechos) de Alexandrium como la fuente de futuros brotes de algas tóxicas, y más.

Las labores permanentes de investigación en esta materia se centran en identificar sistemas de advertencia oportuna eficaces que pudieran usar los fiscalizadores estatales y federales para determinar cuándo abrir o cerrar las zonas pesqueras. El lado normativo del proyecto lo dirige Paul Distefano, un funcionario de seguridad del consumidor del Centro para la Seguridad en los Alimentos y la Nutrición Aplicada (Center for Food Safety and Applied Nutrition) de la FDA.

Uno de los aspectos del proyecto está dirigido a capacitar a los pescadores en el uso de un equipo de campo con el cual someter su producto a pruebas de detección de la presencia de toxinas marinas peligrosas.

Como uno de los aspectos principales del primer procedimiento de prueba, a los pescadores primero se les capacitó para saber cómo recabar el número adecuado de muestras representativas de su captura y cómo desbullar las almejas sin perforar la carne. Entonces, las muestras se mezclaban en una especie de licuadora gigante para obtener una consistencia homogénea y bien mezclada. Luego, usando productos químicos caseros como parte del equipo, los pescadores aprendieron a separar cualquier toxina que pudiera encontrarse presente. Por último, usando algo similar a una prueba de embarazo de farmacia, los pescadores analizarían si la potencia de alguna toxina  alcanzaba niveles peligrosos.

Las pruebas en alta mar con el equipo de campo iniciaron en 2007, pero el equipo arrojaba demasiados resultados con falsos positivos. Se necesitaba un equipo de campo mejor, y se identificó uno empleado por los científicos de laboratorio. “Tenía mis dudas sobre cómo funcionaría esto”, dijo DeGrasse. “El nuevo equipo era definitivamente más complicado, pero pensé que valía la pena hacer el intento”.

Ella trabajó con Abraxis, un fabricante de equipos de prueba, a fin de hacer algunos ajustes. Para empezar, el equipo debía recalibrarse para identificar mejor las toxinas preocupantes. También necesitaba modificaciones para poderse usar en el mar.

En 2009, luego de que la FDA recabó datos suficientes, los nuevos equipos de Abraxis fueron aprobados por la Conferencia Interestatal para la Sanidad de los Mariscos (ISSC, por sus siglas en inglés), un consorcio de autoridades gubernamentales, representantes del sector y académicos dedicados a la seguridad en el consumo de los mariscos. Para emprender un programa piloto, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) acordó permitir que un navío pesquero excavara las aguas del Bank Georges cerradas a la explotación en busca de almejas por un año, un máximo de una vez por semana.

DeGrasse capacitaba a los pescadores en tierra firme por un día, y luego llevaba el equipo de prueba al mar y continuaba la capacitación en expediciones de captura de almejas de dos o tres días de duración. Una vez capacitados, los pescadores llevaban a cabo las pruebas a bordo y enviaban parte de sus muestras a la FDA para realizar otros análisis científicos. Más tarde, cuando el navío llegaba al muelle, autoridades estatales de Massachusetts llevaban a cabo un bioanálisis; una prueba aún más robusta que mide la potencia total de cualquier toxina presente.

Ese año, en tan solo 37 expediciones de pesca, esa sola embarcación capturó 2.7 millones de dólares en almejas blancas que pasaron la prueba de detección de toxinas.

“La parte emocionante vino cuando pusimos todos los datos juntos y, en 2011, la ISSC adoptó el protocolo para la realización de pruebas de detección a bordo”, indica DeGrasse.

Este año, la NOAA reabrió una gran parte del Bank Georges a la explotación para cualquier pescador que siga el protocolo establecido, que incluye pruebas realizadas a bordo en el mar por los pescadores y pruebas de verificación en tierra firme a cargo de científicos del gobierno.

“Esto ha permitido la captura de, literalmente, miles de millones de dólares en almejas que de otro modo se hubieran muerto de viejas”, dijo Wallace. “Es un ejemplo perfecto de cómo los estados, los organismos federales y la industria pueden trabajar juntos para encontrar soluciones”.

Este artículo está disponible en la página de Artículos para el consumidor de la FDA, en la cual se publican las últimas novedades sobre todos los productos controlados por la FDA.

17 de septiembre de 2013

regrese al inicio