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A veces, los medicamentos y el hígado no se llevan

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El hígado es un órgano excepcional, aunque subestimado. Convierte los nutrientes que ingerimos en sustancias que el cuerpo puede aprovechar, y las toxinas en sustancias inofensivas, o se asegura de que sean eliminadas del organismo.

Cuando el hígado funciona bien, nuestro metabolismo muestra un equilibrio que vibra. Pero a veces los medicamentos y los suplementos alimenticios pueden causar estragos en ese sistema, acarreando problemas hepáticos peligrosos. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) se esfuerza por prevenir los daños hepáticos ocasionados por los medicamentos.

“Cualquier medicamento puede ocasionar problemas hepáticos peligrosos, pero afortunadamente este tipo de problemas rara vez ocurre”, señala el Dr. John R. Senior, examinador médico gastrointestinal y especialista en hepatología (el estudio del hígado) de la FDA. “Es difícil predecir cómo afectarán los medicamentos el hígado porque la manera en que cada paciente responde a un medicamento determinado es diferente. Nuestro objetivo es prevenir la toxicidad en los fármacos”.

El fallo hepático fulminante consiste en un rápido deterioro de la capacidad del órgano para funcionar. Los datos sugieren que los suplementos alimenticios y los medicamentos de venta sin receta (OTC, por sus siglas en inglés) son los causantes de más casos de fallos hepáticos fulminantes que todas las demás causas combinadas. 

La FDA ha identificado varios casos de daños hepáticos ocasionados por suplementos alimenticios. Por ejemplo, la dependencia ha emitido avisos de salud pública y enviado cartas de advertencia a las empresas que comercializan suplementos para adelgazar o para aumentar la masa muscular. En cierto caso, una empresa de Texas aceptó retirar y destruir ciertos suplementos alimenticios tras descubrir una interrelación entre esos productos y los casos de insuficiencia hepática y de hepatitis cuyo origen no es viral.

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No hay una manera fácil de identificar a las personas vulnerables

Encontrar incluso unos pocos casos de toxicidad hepática grave entre los sujetos de estudios clínicos que tengan contacto con cierto medicamento puede dar pie a la interrupción del estudio. Además, los casos de toxicidad hepática grave han llevado a la FDA a pedirle a los patrocinadores que retiren del mercado medicamentos ya aprobados.

El Dr. Senior explica que no hay una manera fácil de identificar a las personas que podrían ser vulnerables. “La relación entre los medicamentos y la enfermedad no es tan sencilla”, señala. “Identificar los medicamentos que pueden ocasionar daños hepáticos sólo resuelve la mitad del problema. La otra mitad son los medicamentos que parecen ser seguros en los estudios preclínicos, pero que pueden seguir siendo perjudiciales para algunos pacientes”.

Entre tanto, tenemos una población cada vez mayor y más dependiente de los fármacos. “Entre más medicamentos tomes, más probable es que tengas problemas”, advierte el Dr. Senior.

Algunos medicamentos sólo son tóxicos para el hígado cuando se consumen en exceso. Un ejemplo es el acetaminofén.  

“El acetaminofén, cuando se usa siguiendo las instrucciones de la etiqueta, es generalmente considerado seguro. Pero las sobredosis de acetaminofén son la causa más común de daño hepático relacionado con los medicamentos, ya sea que ocurran por accidente o de otro modo”, explica el Dr. Mark Avigan, M.D., examinador médico de la FDA con conocimientos de gastroenterología y hepatología. “Con las sobredosis de acetaminofén, algunas personas tienen una reacción más grave que otras”.

El acetaminofén es un ingrediente activo de cientos de medicamentos de venta con y sin receta médica que por lo general se emplean para tratar la fiebre y el dolor musculoesquelético, las alergias, la tos, los resfriados, la gripe e incluso el insomnio. Las sobredosis que acarrean daños hepáticos graves son consecuencia de consumidores que, sin querer, tomaron medicamentos de venta con o sin receta que contienen acetaminofén.

Las sobredosis involuntarias con medicamentos de prescripción médica que contienen acetaminofén y algún narcótico han sido las responsables de una proporción importante de todos los casos de insuficiencia hepática relacionados con el acetaminofén en los Estados Unidos, algunos de los cuales han resultado en trasplantes de hígado o la muerte.

La FDA ha tomado medidas para mantener a los consumidores a salvo. A comienzos de 2014, la FDA pidió abandonar más de 120 usos de los productos farmacológicos combinados de venta con receta médica que contengan más de 325 mg de acetaminofén por unidad de dosificación. La dependencia también les ha recordado a los farmacéuticos y a los médicos que dejen de recetar y dispensar dichos productos. La FDA tiene entendido que, como resultado, todos los fabricantes han descontinuado la comercialización de productos farmacológicos combinados de venta con receta que contienen más de 325 mg de acetaminofén.

Algunos antibióticos y medicamentos antiinflamatorios no esteroideos también se han vinculado con daños hepáticos.

La hepatitis, una inflamación del hígado, puede tener varias causas posibles. Los medicamentos pueden inducir una forma de hepatitis que se asemeja mucho a la de corte viral (una inflamación del hígado causada por infecciones víricas).

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Los indicios y los síntomas

¿Cómo puede usted reconocer los indicios de los problemas hepáticos?

El Dr. Avigan apunta que podría sentirse cansado y sin apetito. En los casos más extremos, los ojos y la piel se tornan amarillentos (ictericia), y se siente mucha comezón en la piel. “Se siente comezón en la piel porque el hígado no está filtrando las toxinas del cuerpo como es debido”, aclara.

Cuando presentan estos síntomas, los pacientes que están tomando un medicamento que no habían usado antes deben procurar atención médica inmediata y dejar de tomar el medicamento si se identifica como la causa, advierte el Dr. Avigan.

Si se presentan síntomas y el paciente ha estado tomando un medicamento durante mucho tiempo, la causa podría ser otra. El Dr. Senior señala que es difícil saber a ciencia cierta si los síntomas fueron ocasionados por algún medicamento y no por otra cosa. La obesidad y el consumo excesivo de alcohol también pueden dañar el hígado. 

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Cómo sopesar los riesgos y las ventajas

Algunas medicinas esenciales son las únicas alternativas que tienen los pacientes que están muy enfermos.

“Antes de aceptar o denegar la aprobación de un medicamento, evaluamos sus riesgos y tratamos de identificar el potencial de que cause daños hepáticos, aun si sólo una de cada 10,000 personas se verá afectada de gravedad”, informa el Dr. Avigan. “Con algunos medicamentos —por ejemplo, para los pacientes con cáncer—, las ventajas del tratamiento podrían ser mucho mayores que los riesgos”.

El hígado puede regenerarse, aun cuando 65% sea destruido o extirpado quirúrgicamente, como en un tratamiento contra el cáncer. Este versátil órgano suele ser capaz de adaptarse y cobrar tolerancia a varios agentes extraños, incluyendo los productos farmacológicos. Pero si el hígado no está sano, las complicaciones derivadas de las interacciones con los medicamentos pueden ser aún peores.

Este artículo aparece en la página de Artículos de Salud para el Consumidor de la FDA que muestra lo más reciente de todos los productos regulados por la FDA.
28 de mayo de 2014.

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Page Last Updated: 05/28/2014
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